¿Conocerse o no conocerse? Esta es la cuestión

Esta tarde he ido a pasear por la naturaleza que me rodea, se me ha hecho de noche. Todavía no conozco los caminos, soy muy nueva aquí. Me he dado cuenta, again, que en la oscuridad todo me puede parecer peligroso, cualquier sutil sonido se convierte en un ruido que me pone en alerta, cualquiera de las formas de las rocas o troncos caídos puede parecer un animal de ciencia ficción. Volver a casa me parece mucho más urgente de lo que parecía hace apenas media hora. Y en este deseo de dirigirme a la seguridad del hogar, y abandonar el territorio desconocido, he parado, he respirado y observado a mi alrededor. He visto otro camino que no era el mismo por el que he ido, y he decidido seguirlo tal cual me decía la intuición. He hecho unos pasos, y otra vez, más ruidos misteriosos, más oscuridad. He dudado si volver atrás por unos instantes. No. He seguido adelante, unos pasos después, efecto sorpresa, he encontrado un camino más definido, más claro, con algunas pequeñas flores blancas a lado y lado, y además más luminoso, ya que estaba más cerca del pueblo. Sin saberlo conscientemente, he escogido el camino que más rápido me ha traído a casa. Hoy he descubierto un nuevo camino, como más conozco, más en casa me siento, más amplio es mi hogar.

Al llegar a casa, después de vivir esta experiencia, he visto claro el paralelismo con la decisión de conocerse a unx mismx. Inicialmente te puedes sentir perdidx, te puedes sentir que no sabes como estar en casa, en ti, que eres un completo desconocido. No es una locura, es normal, nadie te ha enseñado a mirarte dentro y a conocer tu territorio, más bien nos han enseñado a mirarnos por y para fuera. Quizás ves cosas en ti que son más bien interpretaciones o fantasías, y éstas te dan más miedo que la realidad que no consigues ver.

Cuando vas aprendiendo a parar, a respirar profundo, a volver a mirar, a intentar hacerlo con una mirada más neutra, con más atención, empiezas también a ver y a sentir las cosas desde otro lugar. Y desde aquí se van abriendo nuevos senderos, algunos más abruptos, otros más despejados. Puedes decidir no conocerte, es decir, no andar más, quedarte parado allí donde estés con la idea que tienes de ti y de tu entorno. O puedes escoger seguir andando hacia tu encuentro, te vas a encontrar tramos más agradables, tramos incómodos y cansados, otros llenos de luz y disfrute… Y lo que es seguro, es que cuanto más andes hacia ti, más en casa te vas a sentir, más amplia y cómoda será tu morada.

Porque conocerse es permitirse SER.