Cultivar la seguridad personal

Alguien seguro no es aquel que va de sobrado como creíamos cuando éramos adolescentes. Alguien seguro no es alguien imperturbable, esto es más bien la capa externa de una persona rígida y bloqueada. Alguien seguro es aquel que se permite vivir aquí y ahora con espontaneidad. Alguien con suficiente centro para sostenerse aunque se tambalee. Alguien seguro es aquel que toma el riesgo de mostrarse tal cual es. Aquel que vive en confianza. Alguien seguro es alguien con presencia.

Es un hecho. Necesitamos presencia para sentirnos segurxs.

Fíjate en un niño. Cuando se dirige a hacer algo, especialmente si es algo nuevo, si encuentra la mirada de sus progenitores, si siente que le dicen verbal o gestualmente un “adelante hijo, yo estoy aquí si me necesitas” este niño se adentra a la nueva experiencia por sí solo, con una confianza que no tiene si esta presencia no se da. Y así, adentrándose a nuevas aventuras, ganando práctica y experiencia, este niño cada vez tiene mayor seguridad y, gradualmente, busca menos la mirada aprobatoria de los padres ya que confía más en sus propias capacidades.

Lo mismo nos pasa de adultos frente aquellas situaciones que nos suponen un desafío, en las que no tenemos suficiente confianza interna. Momentos en los que buscamos la validación fuera porque no la tenemos dentro. Para poder atravesar estas situaciones que nos ponen en contacto con nuestra vulnerabilidad, lo que necesitamos es empezar a experimentarlas, ya que son vivencias nuevas sin registros previos, y por ello nos confrontan.

Si en tu vida no estás jugando la partida de la confianza, puedes empezar a atreverte a ello en un espacio seguro, en un espacio donde alguien esté presente para ti. Dejar que alguien te acompañe terapéuticamente en la andanza de subir desnudx al escenario de la vida, a bajar toboganes internos o traspasar montañas rusas emocionales, posibilitará que vayas tomando la presencia interna de la que ahora careces, y la vayas convirtiendo en confianza. Lo que te dará el empuje necesario para enfrentarte a las situaciones de tu vida que ahora te suponen un desafío.

La seguridad interna es necesaria para hacer frente a la inseguridad de la vida.

Si la quieres desarrollar, “yo estoy aquí para ti, ¡adelante!”