Responsabilidad, menuda palabra.

Ojalá la responsabilidad se pusiera de moda y se quedara para siempre.

Hace años en una clase de inglés donde teníamos que escribir tres palabras importantes para nosotrxs, un compañero escogió la responsabilidad dentro de su triada. ¿Como? ¿Responsabilidad? Con la de palabras estimulantes que hay, ¿eliges responsabilidad? En ese momento no lo podía comprender. Tal fue el impacto que he conservado ese instante en mi memoria hasta día de hoy, mientras que no recuerdo otra palabra de ese aparentemente ingenuo ejercicio.

Escuchar la palabra responsabilidad en ese entonces me hacía salir corriendo, no me interesaba para nada, ya que yo la relacionaba con ser seria y aburrida, con la rutina, con el deber, el compromiso, el hacerse mayor…y por ello, nada tentador.

En cambio a día de hoy, me parece la palabra que más sentido le puede dar a la vida de un ser humano. Tomar la responsabilidad de tu vida significa hacerte cargo de ti en todo momento y esto son palabras mayores. Es un pedazo de acto de amor y de libertad, que da mucho miedo.

Responsabilizarte de ti no es buscar un “buen” trabajo y tener hipoteca de casa y coche. NO

Responsabilizarte de tu vida no es ser obediente con el estándar social y/o familiar impuesto. NO

Responsabilizarte de tu vida es aportar tu autenticidad en la misma. Actuar en coherencia. Todo el rato.

¿Cuántas veces al día actúas en coherencia con lo que sientes y piensas?

Responsabilizarte de ti es dejar de quejarte y echar todo fuera para tomar la parte que te toca.

Dejar de responsabilizar a los políticos, a tu pareja, a tus padres, al jefe o al vecino, de todo lo que te pasa ¿y tú qué?

¿Te imaginas qué pasaría si tomaras el poder de todo eso que echas fuera?

¿Te imaginas que pasaría si todes lo hiciéramos?

Voy a poner un ejemplo básico y concreto. Aplicable a otros contextos, según esta operatoria:

  1. Hay una queja o un malestar
  2. Esta queja o malestar esconde una necesidad no atendida (en muchos casos una necesidad no vista o no reconocida)
  3. No actuamos de forma coherente con lo que necesita nuestro cuerpo, dice nuestra mente y siente nuestro corazón.
  4. Nos hemos perdido en nosotros mismos.
  5. Volvemos al punto uno y echamos todo para fuera.
  6. O empezamos a responsabilizarnos de nosotros y tomamos nuestro poder para ser creativos y hacer algo diferente.

Últimamente estás especialmente cansada. Entre tu trabajo, tu familia, sacar al perro, hacer deporte, las labores cotidianas y tu vida social, dormir se queda en un último plano. En consecuencia, no paras de quejarte de tu cansancio, estás más irritable, discutes con tu pareja, te hinchas a café, vas menos motivada a trabajar, críticas este sistema explotador… Pero eso sí, te apuntas a un curso online el sábado por la mañana, incluso agendas un par de planes extra con tus amigxs para el finde, porque con esta vida de locos, al menos hacer cosas lúdicas para compensar o un curso para mejorar. OK. Volvamos al principio. Estás cansada. ¿Qué responsabilidad puedes tomar ante ello? (antes de ponerte en piloto automático)

Puedes seguir haciendo lo de siempre: decir que estás cansada pero negarte a aceptar esta realidad.

O empezar a ser coherente y agendar descanso en lugar de planes. Quizás suena menos estimulante a priori, pero en consecuencia de atender esta necesidad, recuperarías  energía y la calidad de tu vida también iría en incremento.

Puedes seguir quejándote haciendo lo mismo, o dejar de quejarte y hacer algo diferente.