Saltar al vacío fértil

¿Te has planteado qué significa “saltar al vacío”?

Porque esta es la primera expresión que pongo en duda en este blog, donde pretendo cuestionar lo establecido y resignificarlo, para darle un nuevo valor.

Me lo he estado preguntado y a mi alrededor cercano también.

Y resulta que asociamos saltar al vacío a movernos hacia lo desconocido. Asociamos saltar al vacío a lanzarnos en dirección a nuestros sueños y metas, asociamos también esta expresión a atrevernos a hacer aquello que late en nuestro corazón y que nos enciende la chispa de la vida. Y a la vez, asociamos saltar al vacío al peligro, a hacer una locura, considerando loco este salto, y por lo tanto, poco posible y factible. Y es verdad que experienciar algo nuevo implica un atrevimiento, implica dar un brinco, implica moverse de donde estés.

Vamos a visualizar algo. Estamos sentados alrededor de una piscina, la cual tiene un trampolín a 5 metros de altura, nunca antes habías visto uno tan alto. Te dan muchas ganas de ir hacia allí y saltar al agua. Te emocionas al pensar en ello. Que flipada tirarse, te dices. Así qué con esta ilusión en el cuerpo, hacia allí te diriges. Subes las escaleritas, y boom! ya estás aquí, sobre la plataforma y el escenario que hasta hace un minuto soñabas alcanzar. Y de repente, algo pasa, resulta que no solo estás arriba del trampolín, sino que también estás arriba de tu cuerpo, en tu mente. Toda la energía de expansión que te recorría hace un momento, se ha concentrado en tu cabeza. Ahora hay un ritmo tan frenético de pensamientos ahí, que te has paralizado. Te das cuenta que sólo tienes dos opciones, saltar tal cual soñabas o volver por donde has venido. Vamos a seguir con el viaje deseado. De nuevo, observas la piscina, ves que es un lugar seguro, no hay tiburones ni rocas punzantes, sólo es tu mente limitante queriendo tomar el control, otra vez. Decides darle descanso por hoy y entregarle el timón a tu corazón, el protagonismo a tu deseo y su impulso, y te lanzas. ¿Cómo te sientes al atreverte a realizar aquello que quieres? Y pongamos que has decidido no saltar esta vez, y que vuelves a la casilla de inicio, a tu toalla desde donde mirabas el trampolín con ilusión, ¿cómo te sientes aquí? ¿qué te dices ahora?

Desde esta experiencia pretendo ilustrar vivencias por las que todos hemos pasado. Todas esas veces que queremos hacer algo y no nos atrevemos. Y las consecuencias que trae escoger una opción o la otra. Las consecuencias que nos trae escoger la voz de nuestro corazón o callarla. Y no hablo de grandes logros peliculeros, hablo de logros cotidianos, cómo puede ser decir no al otro para decirme sí a mi, permitirme descansar cuando mi cuerpo me lo demanda, atreverme a pedirle una cita a aquella persona que me atrae, expresar aquello que llevo tiempo callando, dar mi honesta opinión, apagar el ruido externo para encontrarme con mi voz interna… Porque saltar al vacío es saltar a nuestra versión más auténtica. Y sí, da miedo. No estamos educados ni programados para ello, incluso habrá quien le parecerá otro idioma esto de escuchar el lenguaje del corazón y seguir su camino amoroso. Pero, ¿existe una aventura más estimulante?

Desde mi experiencia te cuento que volví muchas veces a la casilla de salida, donde me esperaba una tortura en forma de autocríticas, las cuales aumentaban mi incapacitación frente a cualquier desafío. Saltar al vacío de nuestro ser requiere entreno y mucho cariño. Es un deporte de élite, un deporte para verdaderos valientes.

Focalizarnos en una gran meta, en el gran salto, no nos ayuda ni nos lo facilita. Me parece de más ayuda empezar con pequeños pasos. Quizás tengamos que coger un flotador, o tirarnos de la mano de alguien antes de tirarnos de cabeza desde el trampolín. Quizás sea de más ayuda empezar a entrenarse en escuchar nuestro corazón y poner en práctica sus anhelos más humildes, aquellos que podemos asumir hoy. Y así, ir generando una confianza más amplia en nuestros recursos que nos permita saltar cada vez más alto. Esto es lo que a mí me ha servido. Ir haciendo micro pasos que me han acercado más a mi, a mi verdad, y a la capacidad para vivir desde ahí. Porque saltar al vacío es apostar por tu vida, y esto no es cosa de un solo día, sino más bien una forma de vivir.