Soltar

Últimamente no paro de soltar

¿Cómo?

De varias maneras

¿Principalmente?

LLorando

¿Y qué suelto con mis lágrimas?

Concretamente no lo sé. Ni me importa demasiado honestamente.

De pequeña me repetían a menudo ¿Y por qué lloras ahora? 

Como si llorar estuviera mal.

Como si siempre tuviera que justificar mis lágrimas.

Como si se cansaran de mí por hacerlo.

¿qué entendí yo?

Mejor no llorar.

Llorar supone problemas para los demás.

Llorar no es bien recibido.

¿te suena?

En terapia se me hace evidente que no soy la única en quien dejaron huella estas creencias.

Al inicio de los procesos las personas con las que trabajo se disculpan por llorar, se sorprenden de estar haciéndolo, se avergüenzan, me dicen frases del tipo “hoy no quería llorar”, incluso intentan cortarse las lágrimas. Con el tiempo lo van naturalizando, gracias a la experiencia de permitírselo y darse cuenta de los beneficios de seguir su necesidad orgánica aquí y ahora. Por qué querides mies: llorar es natural y necesario.

Volviendo a mi ahora. A mi llorar de hoy. A los tres minutos de llanto que me he concedido esta mañana. A los 15 que me permití hace una semana. A los dos del lunes. Y a lo bien que me sientan.

Estos espacios para soltar en modo de lágrimas me limpian, me drenan, me purifican y me siento más ligera. Y me da igual el porqué, ¿qué ganaría entendiendo el motivo? 

Estuve muchos años sin soltar una sola lágrima. Totalmente bloqueada. Estaba seca.

Quizás algunas de mis lágrimas provienen de la tristeza reprimida de esos años o del sufrimiento disimulado o del dolor anestesiado o del daño que hace el patriarcado en nuestra sociedad.

Sea lo que sea. Lo obvio, es que ahora me sienta bien hacerlo. Me conecta con la vida y su fluir. Lo que me pone creativa y me inspira a escribir esto ahora. 

Cuánto más me permito vivir mi vulnerabilidad, más fuerte me siento.

Te mando un abrazo y ojalá le des permiso a tus lágrimas para acariciar tu cara.